Mi viaje a Guatemala

Mi viaje a Guatemala

Después de pasar varios días en Guatemala, hablar con locales y moverme entre distintas áreas, siento que este país tiene muchísimas más capas de las que uno imagina antes de visitarlo.


La cultura maya aquí no se percibe como algo del pasado ni “montado” para turistas, aquí todavía hablan el idioma maya y muchas mujeres siguen usando textiles hechos a mano teñidos con colorantes naturales y el tocoyal enrollado en la cabeza para cargar distintas cosas.

 

Es imposible ignorar las desigualdades que existen. Guatemala tiene de los paisajes más impresionantes que he visto: volcanes activos, lagos rodeados de verde y pueblos llenos de color, pero al mismo tiempo hay muchísima pobreza, especialmente fuera de las zonas más turísticas.

 

Muchas familias viven directamente de los visitantes que llegan al país y honestamente, eso cambia la manera en que uno viaja. Te hace querer apoyar más lo local, consumir con intención y entender que detrás de cada experiencia hay personas trabajando fuerte para sostener a sus familias.

 

Hablando con locales fue que realmente me chocaron muchas realidades... Conversaciones normales terminaron convirtiéndose en momentos difíciles de procesar. Personas contándome que nunca aprendieron a conducir porque simplemente nunca han tenido acceso a un carro, familias completas de hasta 20 personas compartiendo un solo carro, o gente diciéndome que jamás habían podido entrar a un fast food americano aun teniendo varios alrededor, porque sigue siendo un lujo que no pueden costear.


También escuché muchísimo sobre cómo algunas decisiones del alcalde terminan afectando directamente a los mismos locales que dependen del turismo para sobrevivir, haciéndoles más difícil trabajar, vender y sostener a sus familias en un país donde muchísima gente ya vive con demasiado poco.

 

Creo que eso fue lo que más me marcó del viaje.

Guatemala es un país bello, pero también te confronta constantemente con realidades muy distintas. Hay historias de esfuerzo, necesidad y supervivencia. Ahí es que uno recapacita que viajar no debería ser solo tener fotos bonitas, sino también aprender, conectar y desarrollar más empatía por las vidas y realidades que existen fuera de la nuestra.